En el bar, esta noche

Dejé caer el vaso de agua sobre la barra. Siempre me ocurre lo mismo cuando la escucho bajar las escaleras. De las muchas putas que habitan mi burdel ella es la única realmente capaz de tocar mi alma para cambiarla. Las otras me transtornan, me ciegan, me irritan, me enojan, me enardecen. Pero cuando se van me dejan solo y casi como estaba, tal vez con una arruga más aquí o una cicatriz allá.

Hada no.
Cuando la invoco acude fiel para transformar en posible lo imposible. Siempre a mi lado, atenta a mi deseo, mi “Campanilla” particular. Pero la magia tiene un precio, por supuesto. Y se lo cobra siempre.

- “Has vuelto a mojar la barra. Sécala anda, que no querrás que se estropee” me soltó a modo de saludo mientras se acomodaba sonriente en un taburete justo enfrente de mí. Con el rostro entre sus manos y sin parar de sonreir esperó a que terminase de limpiar el agua vertida.

- “Vienes a cobrar, supongo” alcancé a susurrar sin apenas levantar la vista del trapo.

- “No. Esta vez sólo vengo a charlar.” Su helado de menta ya estaba ante ella y había empezado a jugar, como siempre, haciendo montoncitos verdes y aromáticos con él. “Qué tal estás?”

- “Desconcertado”. Con Hada no valen los rodeos. Después de todo el mismo acto de preguntar no es más que un ritual. Ella sabe perfectamente como estoy. Ocurre que suele tener serias dudas de que yo lo sepa. Hace años venía muy a menudo a preguntar. Hoy lo hace menos, pero cuando lo hace es más certera y duele más.

- “Pregunta si quieres. Tal vez tu problema no encuentre solución en mis respuestas, sino en tus preguntas” dijo dando un leve chasquido de satisfacción con la lengua, saboreando una cucharada de helado. Yo permanecí en silencio mucho tiempo. Días probablemente. Pudieron ser incluso semanas.

- “Somos uno, somos dos, no somos nada?”; fué mi primera pregunta

- “Nunca dos pueden ser siempre uno. Siempre sereis dos. Sólo cuando dos quieren se difuminan las fronteras y crece lo común, provocando que nazca la comunión deseada. Nada se interpone entonces entre esas dos voluntades. Absolutamente nada.” Justo en ese momento pasó ella por la ventana. No me fijé si me buscaba a mí o simplemente pasaba por allí. No estoy para encuentros casuales. Que me llame.

- “Somos algo así como amigos?” Estaba claro que su primera respuesta había sido lo suficientemente dura como para que intentase agarrarme a algún clavito… y el de la amistad va siempre bien, pensé.

- “Un amigo es quien debería estar ahora contigo manteniendo esta charla. Con un amigo se puede compartir siempre que se quiere, porque siempre se quiere compartir con él lo que nos ocupa. Un amigo sabe de tu alegria y tu tristeza, arde en deseo de alegrarse contigo o de aliviarte.” Mientras Hada me explica todo esto, yo se que ella está ahora mismo al otro lado de la pantalla, en ese mundo virtual en el que nos encontramos un día, del que salimos al mundo real para parir un secreto. Un secreto profundo y ponzoñoso que cada día duele más. Tal vez ella encuentre algunas de mis últimas botellas, lea los mensajes y responda. O tal vez no.

- “Somos entonces amantes?” murmuré, soltando el clavo inocuo al que ingenuamente había querido asirme.

- “Los amantes quieren amarse siempre que pueden. En ocasiones terminan queriendo siempre, en otras no pudiendo nunca. En el primer caso terminan queriendo ser uno. En el segundo terminan no siendo nada… como mucho un recuerdo.” Había terminado su helado. La copa desapareció del mismo modo inesperado como había aparecido. Y sus pasos subiendo la escalera son la única compañía que tengo ahora.

Se que sonreiré siempre que invoque su recuerdo. Y me tocaré los labios. Como hago ahora. Pero no renuncio a soñar, ni a querer soñar que tal vez aún sea posible…algo más que amantes… algo más que amigos… aunque sea en silencio, amordazado por un secreto que no es el mío.

Publicado en on Agosto 20, 2006 at 11:47 pm Comentarios (3)

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3 comentarios Leave a comment.

  1. No, ser amigos es mentira. Y te lo ha dicho claro.

    Ahora creo que los secretos son horribles y que cuesta mucho deshacerse de ellos.

  2. Vienes fuerte de tus vacaciones, Berlin. Saludos!

    No tiene por qué ser mentira. Vale la pena.

  3. Te siento optimista. O fuerte. Regreso parado, pero es un descanso.


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