Soy una isla dentro de otra isla. Cierro los ojos y siento como me rodean todas las aguas de mi historia. Los abro y veo estas otras aguas, más reales y saladas entre las que vivo hace ya dos días.
Vivir en una isla tiene la ventaja del perenne matrimonio con el mar. Siempre y cuando, claro, a uno le gusten el agua salada, la arena de la playa y las algas enredadas entre los dedos de los pies. En una isla, antes o después, todo termina por ser familiar, conocido. Cada esquina, cada recoveco de la costa llevan asociados un recuerdo, un antes y nos permiten sentir el calor de lo conocido incluso en los momentos más fríos. A quién no le gusta sentirse seguro y protegido en medio de lo que conoce?
Sin embargo las islas ocultan una maldición para quienes, como yo, miramos siempre lejos y nos preguntamos que hay más allá de la línea del horizonte. Las islas se nos quedan pequeñas. Demasiados huecos que llenar en mi alma y en mi corazón como para encontrar todas las respuestas en un montón de rocas, por entrañables que sean.
Vuelvo a cerrar los ojos, regreso a la isla de mi historia y maldigo la tempestad que yo mismo invoqué y que destrozó mi barca. Irreparable?
Siempre hay barcos nuevos. Nuevo diseño. nueva tecnología, rutas diferentes que hasta ahora no eran accesibles si no es con nave nueva.
berlin, a veces lo aconsejable es aprender a ser buen piloto o buen marinero. cómo era eso de hábitos y frailes?
Siempre hay barcos nuevos, sí, pero el capitán del barco sigue siendo el mismo
Sabias palabras, estimada Catalina. De todos modos no ha sido sólo mi falta de destreza la responsable del destrozo, que también. Los mares que nos separan de nuestros sueños no son siempre fáciles de navegar. El fondo del mar está lleno de grandes capitanes y sus barcos. La pregunta que yo me hago es otra: y si, pongamos por caso, lo de llevar la barca es cosa de dos? una vez varados en la playa qué hacen? reprocharse el destrozo? lamentarse? por qué no reconstruir la barca?
der spieler, es cosa de dos invocar tempestades? en tu texto no dice eso.
¿van dos en la barca? ¿va uno? ¿el otro tiene ganas de ir arreglando lo que manda destrozar el uno?
Son cosas que me parece que no desarrollas en el post.
Y, retrospectivamente y en mi opinión, claro, parece que no sólo se te quedan pequeñas las islas, sino también las barcas. pequeñas de par motor si es que lo tienen. hablas en otros posts de paciencia…y quí veo que no quieres reconstruir ninguna barca, sino echarte al mar y nadar, y Dios dispondrá.
Saludos
C.
Obviamente la tempestad de la que aqui hablo es únicamente responsabilidad mía. No es que yo haya “mandado” destrozar nada, los desperfectos son fruto de mi impaciencia y mi navegación apasionada. No hay más justificación ni vueltas que darle. La barca de la que hablo en este post me servía para alcanzar otra barca que sí era cosa de dos. Las tempestades (o las calmas chichas, igual de nefastas) en esa otra barca sí son cosa de dos. Unas veces soy yo el que ignora la fuerza del viento y provoco la rotura de una vela, otras veces es el otro. Pero ignoro en que estado se encuentra esta segunda. He enviado varios mensajes embotellados pidiendo un parte pormenorizado de daños, ofreciéndome a realizar los trabajos de reparación que fuesen necesarios, reconociendo mi torpeza; pero, de momento, no he recibido respuesta, por lo que dificilmente puedo decidir o hacer nada. En lo referido a la barquita objeto de este post, esa ya está reparada y lista para zarpar. Y te puedo asegurar que anda sobrada de motor y yo de paciencia.
Vuelvo a la playa a ver si, por fin, hay una botella con mensaje para mí.