Ya no se dónde poner los pies. No dejo de tamborilear con los dedos sobre la mesa. Las cajetillas vacías de tabaco prácticamente colman la papelera. Han pasado ya… tanto tiempo!
Esta bien? Por qué tarda tanto? Qué ha pasado? He sido yo quien le ha hecho daño? Cómo? He de levantarme y salir a buscarla?
En mi interior está creciendo un grito de proporciones insospechadas.
… tomo un bolígrafo y me pongo a garabatear en una hoja de papel…
te amo
te amo
te amo
…
Rompo la hoja y termina también en la papelera. Voy a la ventana, enciendo un pitillo, cierro los ojos… vuelve la lluvia.
Me siento ultilizado, manipulado, abandonado. Tal vez sea todo mentira; tal vez todo sea sólo fruto de mi impaciencia; tal vez… Oigo como Doña Ira baja las escaleras al mando de un nutrido comité: Impaciencia, Vehemencia, Odio… todas bajan en son de guerra. Me coloco detrás de la barra. Sigo queriendo creer que todo es mentira, un mal sueño… sigo aferrado a sus palabras, al recuerdo de su sonrisa, de su mirada.
Soy acaso un payaso?
Si de algo estoy seguro, mein lieber Spieler, es que Ud. no es ningún payaso.
Sé que es duro no dejar de darle mil vueltas a la cabeza intentando buscar algún tipo de explicación, y más duro todavía es seguir el consejo ese de “tómatelo con calma”; no sabría qué decirle, pero por lo pronto procure no hacer nada de lo que después pudiera arrepentirse: lass dich mal gehen, Spieler
Gracias, Cajeradeldía, pero si me “dejo ir” como usted propone, malo. Usted no tiene ni idea de las cosas tan duras que me están gritando las putas estas a la cara. A Doña Paciencia le han arrancado varios pelos del flequillo, Doña Razón está llena de moratones. Menos mal que Confianza aún aguanta un poco y ha montado un murito delante de la barra. De lo contrario, estas ya me habrían sacado los ojos… y el corazón. Si hay algo que se me da muy, pero que muy mal, es no hacer nada.