Fuera no corre el viento. Nada se mueve. Dentro se respira una calma inusitada. Nada es como fué, nada es como debería ser pero a “las chicas” no parece importarles.
De vez en cuando me cruzo con alguna de ellas, la mirada perdida y sonriente, dueñas todas ellas de sus recuerdos. Esos que ya nadie podrá arrebatarles. Esos que, aunque no los pronuncien, son ya parte de mi historia.
De vez en cuando, desde mi rincón, las oigo gemir y sonrío, consciente de que han vuelto a encontrar su centro cabalgando la memoria. Salen al pasillo, radiantes, completas, vacías de sí mismas y me miran interrogantes:
- “… y?”
- “No he dado la vuelta al cartel de la puerta. Seguimos abiertos” les respondo justo antes de que se giren y regresen a sus cuartos.
Póngame un coñá, si hace el favor.
tengo aqui un Cardenal Mendoza…