La ingravidez

Con la mano tendida hacia el cordón perdido, truncado. La voluntad nublada por otras voluntades, también mías pero inmoladas. Describo cada día curvas en el espacio de mi tiempo, perdido en el afán de lo que no existe más.

Published in: on junio 16, 2007 at 8:34 pm  Comments (1)  

Silencio

Solo con el tam-tam de mi corazón. El resto se ahoga en un silencio abrumador. Pero he de ser fiel a mi promesa. Yo también callo.

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Published in: on abril 5, 2007 at 1:06 pm  Comments (9)  

Temporada baja

Veo como caen las hojas de los árboles más allá de la ventana, en medio de una luz mortecina, casi gris, bailando al son de un viento caprichoso. La calle está vacía hace ya muchos días y de las chicas apenas si percibo su mera presencia. Creo que ha llegado la hora de salir a dar un paseo.

Published in: on septiembre 27, 2006 at 7:11 am  Comments (1)  

En el bar, esta noche

Dejé caer el vaso de agua sobre la barra. Siempre me ocurre lo mismo cuando la escucho bajar las escaleras. De las muchas putas que habitan mi burdel ella es la única realmente capaz de tocar mi alma para cambiarla. Las otras me transtornan, me ciegan, me irritan, me enojan, me enardecen. Pero cuando se van me dejan solo y casi como estaba, tal vez con una arruga más aquí o una cicatriz allá.

Hada no.
Cuando la invoco acude fiel para transformar en posible lo imposible. Siempre a mi lado, atenta a mi deseo, mi “Campanilla” particular. Pero la magia tiene un precio, por supuesto. Y se lo cobra siempre.

- “Has vuelto a mojar la barra. Sécala anda, que no querrás que se estropee” me soltó a modo de saludo mientras se acomodaba sonriente en un taburete justo enfrente de mí. Con el rostro entre sus manos y sin parar de sonreir esperó a que terminase de limpiar el agua vertida.

- “Vienes a cobrar, supongo” alcancé a susurrar sin apenas levantar la vista del trapo.

- “No. Esta vez sólo vengo a charlar.” Su helado de menta ya estaba ante ella y había empezado a jugar, como siempre, haciendo montoncitos verdes y aromáticos con él. “Qué tal estás?”

- “Desconcertado”. Con Hada no valen los rodeos. Después de todo el mismo acto de preguntar no es más que un ritual. Ella sabe perfectamente como estoy. Ocurre que suele tener serias dudas de que yo lo sepa. Hace años venía muy a menudo a preguntar. Hoy lo hace menos, pero cuando lo hace es más certera y duele más.

- “Pregunta si quieres. Tal vez tu problema no encuentre solución en mis respuestas, sino en tus preguntas” dijo dando un leve chasquido de satisfacción con la lengua, saboreando una cucharada de helado. Yo permanecí en silencio mucho tiempo. Días probablemente. Pudieron ser incluso semanas.

- “Somos uno, somos dos, no somos nada?”; fué mi primera pregunta

- “Nunca dos pueden ser siempre uno. Siempre sereis dos. Sólo cuando dos quieren se difuminan las fronteras y crece lo común, provocando que nazca la comunión deseada. Nada se interpone entonces entre esas dos voluntades. Absolutamente nada.” Justo en ese momento pasó ella por la ventana. No me fijé si me buscaba a mí o simplemente pasaba por allí. No estoy para encuentros casuales. Que me llame.

- “Somos algo así como amigos?” Estaba claro que su primera respuesta había sido lo suficientemente dura como para que intentase agarrarme a algún clavito… y el de la amistad va siempre bien, pensé.

- “Un amigo es quien debería estar ahora contigo manteniendo esta charla. Con un amigo se puede compartir siempre que se quiere, porque siempre se quiere compartir con él lo que nos ocupa. Un amigo sabe de tu alegria y tu tristeza, arde en deseo de alegrarse contigo o de aliviarte.” Mientras Hada me explica todo esto, yo se que ella está ahora mismo al otro lado de la pantalla, en ese mundo virtual en el que nos encontramos un día, del que salimos al mundo real para parir un secreto. Un secreto profundo y ponzoñoso que cada día duele más. Tal vez ella encuentre algunas de mis últimas botellas, lea los mensajes y responda. O tal vez no.

- “Somos entonces amantes?” murmuré, soltando el clavo inocuo al que ingenuamente había querido asirme.

- “Los amantes quieren amarse siempre que pueden. En ocasiones terminan queriendo siempre, en otras no pudiendo nunca. En el primer caso terminan queriendo ser uno. En el segundo terminan no siendo nada… como mucho un recuerdo.” Había terminado su helado. La copa desapareció del mismo modo inesperado como había aparecido. Y sus pasos subiendo la escalera son la única compañía que tengo ahora.

Se que sonreiré siempre que invoque su recuerdo. Y me tocaré los labios. Como hago ahora. Pero no renuncio a soñar, ni a querer soñar que tal vez aún sea posible…algo más que amantes… algo más que amigos… aunque sea en silencio, amordazado por un secreto que no es el mío.

Published in: on agosto 20, 2006 at 11:47 pm  Comments (3)  

Mira que lo he intentado

Pero no ha podido ser. Ni el trabajo, ni las cajas, ni los silencios…

Me la encuentro debajo de cada papel, escondida en cada aviso de sms, agazapada en en el fondo de la taza de café, sonriente tras mis párpados cerrados. Omnipresente, intemporal.

I remember, can't forget

Mas obras de Astrid Grauer aqui.

Published in: on agosto 15, 2006 at 11:28 pm  Dejar un comentario  

Soy multitasking!

Cajas, formularios, documentos de identificación, seguros, más cajas, el teléfono sonando, corriendo a la empresa, niños gritando, otras cajas, cables, lámparas, contenedor de basura, el camión, los libros, más cajas, un calcetín sin casar, la pipa olvidada, fotos, más gritos, la lista, la copa rota, los cuadros…

… y chocolate

Chocolate

Published in: on julio 25, 2006 at 9:45 pm  Comments (3)  

Las paredes son blancas…

… y detrás de cada esquina…

Die Lust

… Hay días que recuerdo lo que sueño.

Dibujo de la serie “7 Deadly Sins (2003)” de Erika Hibbert … nunca entenderé por qué es pecado.

Published in: on julio 24, 2006 at 10:49 am  Dejar un comentario  

Pero que imbécil soy

Estoy en mi rincón...

… y que no venga ninguna puta de las de arriba a decirme nada. Calladitas están mejor, que no me oigo y, lo que es peor, no le oigo a ella.

Published in: on julio 19, 2006 at 12:14 pm  Comments (4)  

Sí, son mías


Namida Būmu

Published in: on julio 18, 2006 at 4:15 pm  Comments (2)  

En la isla

Soy una isla dentro de otra isla. Cierro los ojos y siento como me rodean todas las aguas de mi historia. Los abro y veo estas otras aguas, más reales y saladas entre las que vivo hace ya dos días.

Vivir en una isla tiene la ventaja del perenne matrimonio con el mar. Siempre y cuando, claro, a uno le gusten el agua salada, la arena de la playa y las algas enredadas entre los dedos de los pies. En una isla, antes o después, todo termina por ser familiar, conocido. Cada esquina, cada recoveco de la costa llevan asociados un recuerdo, un antes y nos permiten sentir el calor de lo conocido incluso en los momentos más fríos. A quién no le gusta sentirse seguro y protegido en medio de lo que conoce?

Sin embargo las islas ocultan una maldición para quienes, como yo, miramos siempre lejos y nos preguntamos que hay más allá de la línea del horizonte. Las islas se nos quedan pequeñas. Demasiados huecos que llenar en mi alma y en mi corazón como para encontrar todas las respuestas en un montón de rocas, por entrañables que sean.

Vuelvo a cerrar los ojos, regreso a la isla de mi historia y maldigo la tempestad que yo mismo invoqué y que destrozó mi barca. Irreparable?

Published in: on julio 15, 2006 at 10:44 am  Comments (5)  
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